En cuanto me dí cuenta, quise ocultarlo. Imagínense. ¿Cómo le iba a decir que me gustaba? No estaba ni de casualidad en mis planes. Iba a terminar siendo uno mas en la lista. A veces la intuición es traicionera. Traicionera con los propios sueños, con los propios tormentos. No sabía si hacerle caso o no. Decidí no arriesgarme.
Todo marchaba como de costumbre. Solo que en algún momento nuestras almas se conectaron. Pero había algo mas. Incertidumbre. Suficiente como para disuadirla de intentar encontrar en mi esa persona que ella estaba esperando. Repito: intentar. “No es el momento” alegó. Por mucho tiempo pensé que era válido ese argumento. Pero después comencé a preguntarme: ¿Cuándo es el momento correcto? La respuesta no demoró mucho en llegar. Siempre es el momento correcto y, paradójicamente, nunca es el momento correcto. Las dos respuestas son acertadas. El momento correcto no es determinado por el tiempo mismo, sino por quienes nos aventuramos a caminar por sus sinuosos senderos. El momento correcto es, entonces, el momento que uno decida.
El miedo es un gran obstáculo para esto. Es también necesario, por supuesto. Es una medida de defensa, de protección. Evitamos acercarnos a aquello que nos dañó alguna vez. Debo ser muy valiente. El miedo me ha paralizado varias veces. Pero sigo eligiendo esas mismas cosas que alguna vez me dañaron, porque sigo creyendo en que una (y quizás solo una) de esas veces puedo obtener la recompensa a tantas noches oscuras. Rho me dijo una vez: “Dicen que la recompensa es grande para el que sabe esperar.” Tiene razón. Lo malo es, justamente, esa misma espera, desesperante…
¿Cuál es el motivo de escribir esto? Catarsis supongo. He llegado al punto límite en donde ya no hay retorno. No pensé que llegaría tan rápido a ese punto. Me tome las cosas con calma, supe ser paciente en momentos donde antes hubiera desesperado, supe aceptar y entender los motivos, aunque no los compartiera. Supe estar tranquilo, supe ser hombre en algunos momentos y niño en otros. Pero no fue suficiente. No depende de mi, ya no.
Así que después…
Después de haber pasado por la esquina,
de haber probado la saliva del largo beso del adiós
después de haber rodado por la tierra
de haber hurgado entre tanta mierda
en la post-guerra del amor
después de algún antes que no recuerdo
de estos labios que besan tuertos
de este esguince de corazón
después alguien dijo no somos nada
y sin embargo miren mi cara…
después de archivar tantas ilusiones
después de un par de buenas canciones
he perdido mi encendedor
después de haber nadado por tu espalda
y bajo el cierre de tu falda conocer la perdición
después de enviciarme con algún gesto
de estar presto a estar siempre puesto
de esta copa que sangra alcohol
después alguien dijo: no somos nada
y sin embargo miren mi cara
Aunque lo confundí, aunque lo negué, aunque lo ignoré… tal vez (y solo tal vez) en mis sueños confiese que aquellos hilos de amor me atraparon como aquella red en la que el pez se arriesgó a conseguir un tesoro… y no salió. Una lágrima y un corazón deshecho lo confirman.
Como hice alguna vez, voy a empacar todo y guardarlo en una cajita junto con todo lo que sentí alguna vez, tomar con cuidado los trozos y armar todo de nuevo… así puede estar listo para la próxima oportunidad en la que se cruce una estrella fugaz en mi camino. Aunque tenga miedo, voy a volver a arriesgarme. Es la única forma en la que se vivir.
Las cartas ya están sobre la mesa. El juego ha terminado.